lunes, 24 de agosto de 2015

Domina tu Lengua | Una pequeña chispa puede causar un gran incendio

Días atrás, charlando con mi hermano vía Skipe, divagábamos sobre algunos temas sin importancia, y quizá por aburrimiento u ocio, en determinado momento comenzamos a hablar de ciertas personas cercanas a nuestra familia que no se han comportado muy bien últimamente. Al comienzo eran pequeñas críticas, parecía algo inofensivo, pero mas adelante nuestra conversación se llenó de comentarios negativos hacia ellos. Con el correr de los minutos algunas palabras crueles entraron en escena. Al instante de haberme despedido de mi hermano me di cuenta que mi ánimo comenzó a caer como en un pozo.

Siempre supe que este tipo de charlas no son buenas. Y la voz de mi conciencia comenzó a recordármelo. Hasta que no pude esperar mas, así que tomé el teléfono y llamé a mi hermano para pedirle disculpas por permitir que la conversación halla tomado ese rumbo. El me confesó que se estaba sintiendo tan mal como yo. Nos pusimos de acuerdo que en determinado momento descuidamos algunos comentarios y se hizo una pequeña llama, y esos comentarios incendiaron a otros, hasta que nos incendiamos nosotros mismos con indignación santurrona. Y trajimos a memoria algo que nuestro padre nos enseñó cuando eramos pequeños, nos dijo que si algún día nuestra ropa se prendía fuego, deberíamos detenernos, tirarnos al suelo y rodar, de esta forma el fuego se extinguiría. Entonces mi hermano me sugirió que desde ese momento en adelante intentáramos hacer algo similar en nuestras conversaciones. Si vemos que se inicia un pequeño fuego.. detenernos, tirarnos al suelo (arrodillarnos) y orar. Esta analogía nos hizo soltar una risa, pero desde ese momento decidimos que de ser necesario aplicaríamos la sugerencia a nuestras charlas.

Cuando observemos que la conversación se está deslizando por lugares inapropiados, será un buen momento para recordarnos unos a otros cual es el camino correcto. Las conversaciones negativas y los chismes no afectan tan solo nuestra relación con Dios y los demás, también tienen un efecto perjudicial sobre nuestro espíritu. Aunque parezcan insignificantes, ciertas palabras pueden ser la chispa que provoquen un gran incendio. ¿No será mejor evitar el fuego antes que comience?.

"Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, cuán grande bosque enciende un pequeño fuego".
Santiago 3:5 


                                                       Lukas AmisToweer

Fotografía "https://pixabay.com"


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lunes, 10 de agosto de 2015

Prisioneros de Jesucristo. No de las Circunstancias

"Por esta razón yo, Pablo, prisionero de Cristo Jesús por vosotros los gentiles". Efesios 3:1

¿Era el Apóstol Pablo prisionero de los Romanos?, según Herodes "Si", según él "No". Pablo pensaba que todo lo que le sucedía era necesario para el progreso del Evangelio" (Filipenses 1:12). Estaba convencido de que nada le podía pasar sin el permiso divino. Pablo sabía que Dios tenía un plan con su vida, y que no estaba en prisión por error. En varios pasajes lo podemos leer diciendo que no sabía lo que le deparaba su futuro, pero si conocía al dueño de su futuro. Tampoco se sentía prisionero de los gentiles, más bien prisionero de Jesucristo por el bien de ellos.

Tengo una buena amiga cristiana que vive una situación similar. Ella trabaja en una ONG sin fines de lucro especializada en el cuidado de niños que han perdido a sus padres. Su tarea en el establecimiento que sirve de hogar par esos niños es la de mamá sustituta. Por la complejidad de su trabajo, su presencia allí se requiere a tiempo completo. Y debido a los deberes de un casi "confinamiento" comenzó a conocer profundamente a esos niños. Con el correr del tiempo a aprendido a amarlos como si fueran sus propios hijos. Según me cuenta, se siente capaz de decir:  "Yo no soy prisionera de mis obligaciones y responsabilidades, sino prisionera de Jesucristo al servicio de esos pequeños".

La atención de Pablo estaba fijada en la tarea que Dios había puesto en sus manos y no en la situación que lo rodeaba. O dicho de otro modo.. su preocupación se centraba en las personas a las que servía y no en las consecuencias personales de su servicio.
¿Ya sabes qué circunstancias son las que te encarcelan? ¿Eres un prisionero de Cristo por el bien de otras personas?. Una vez que lo descubras, tu actitud va a cambiar, y también cambiarán tus acciones.

                                                                 Lukas AmisToweer

Fotografía "https://pixabay.com/"


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