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jueves, 9 de junio de 2016

La verdadera belleza de una Mujer según Dios


Al contrario de lo que nos muestran la cultura y los medios de comunicación, la belleza de una mujer no se encuentra en su apariencia externa. En todo momento estamos bombardeadas con publicidad de productos que se supone nos harán más hermosas, ¡como si no lo fuéramos tal cual somos!. Cremas para ocultar o eliminar las arrugas; peinados; joyas; prendas de vestir; tintes para teñir el cabello y ocultar el gris de las canas. Y como si todo esto fuera poco nos recetan máscaras que tapan nuestras caras reales y nos hacen más atractivas.

Pero ni a la larga ni a la corta esto realmente importa. Y no es que sea malo en si mismo, pero nuestra actitud tras ello si lo puede ser, ya que la necesidad por vernos mas atractivas se puede convertir algo imperioso u obsesivo. Si este es tu caso, puede ser que no estés conforme con lo que realmente eres. El deseo de Dios es que nos preocupemos por nuestro interior, el verdadero nosotros, y el único lugar donde la belleza es real. Tener una cara bonita, una figura perfecta, y todos los accesorios que van junto con ella, no significa nada a la luz de la eternidad, solo refleja la cultura en que vivimos, y nosotras debemos desafiar a la cultura y a las modas que nos impone el mundo.
Luego de tener a mi hija me di cuenta de los tipos de juguetes que había disponibles para las niñas. Mucho tiene que ver con la 'belleza' y 'glamour', entonces me tuve que preguntar a mí misma qué tipo de mensaje deseaba enviarle.


Amiga, deja de preocuparte tanto por tu apariencia externa y concéntrate más en lo que llevas dentro. Permite al Espíritu Santo embellecer tu interior. Cuando tengas la belleza de Dios en tu corazón, ella se reflejará externamente, y entonces no necesitarás cremas y maquillaje para verte hermosa, ya que tendrás la belleza natural de una Princesa de Dios.

"Engañosa es la gracia, y vana la hermosura;
La mujer que teme a Jehová, ésa será alabada" (Proverbios 31:30)


Señor, permite que tu belleza se refleje en mi interior, esa belleza que emana de una vida santa, no me dejes vivir preocupada por cómo se ve mi exterior, sino más bien por como me veo internamente. Amén.

                                                                    Marcel Amorín




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viernes, 14 de febrero de 2014

La belleza exterior e interior

Belleza exterior
Existen diversos tipos de belleza física entre las que se destacan: cuerpos perfectos y elegantes, los rostros con facciones bonitas y ojos hermosos, también está la belleza del atleta con sus cuerpos esbeltos y flexibles. Pero cuando hablamos de belleza física estamos hablando de "belleza exterior" y este tipo de belleza en el mejor de los casos dura dos o tres décadas. Pero.. ¿qué hay de la otra belleza?, "la interior", la que se mantiene radiante toda la vida y perdura por la eternidad, esa belleza que se encuentra en los corazones humildes, agradecidos y llenos de amor, esa belleza que emana de las mentes brillantes que han decidido vivir sus vidas haciendo la voluntad de Dios. 
 En Proverbios 31:30 el Rey enseñaba a su hijo diciéndole estas palabras:
"Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; La mujer que teme a Jehová, ésa será alabada".

Sin lugar a dudas nada se iguala a la belleza espiritual, a esa serenidad interior que procede de un espíritu dócil y pacífico que reposa a los pies de Cristo. Cuando David puso el Arca de Dios dentro de la tienda que él mismo levantó, le ofreció holocaustos y sacrificios de paz, luego les habló a las personas que estaban presentes:
"Dad a Jehová la honra debida a su nombre; Traed ofrenda, y venid delante de él; Postraos delante de Jehová en la hermosura de la santidad." 1 Cron. 16:29.

 En Romanos 10:15 el Apóstol Pablo nos cuenta lo hermosos que son los pies de los que anuncian el Evangelio. Mas no hay nada comparable a la belleza de Nuestro Salvador; bello en santidad, en amor, en perdón y en gracia!
 Hermano mío, amigo; si tu y yo adoraramos a Dios solo la cuarta parte de lo que le adoraron Moisés, David o Pablo, seguramente podríamos escuchar su voz susurrándonos al oído diciéndonos dulcemente: "¡Tu también eres hermoso hijo mío, tu también lo eres, y yo te amo!".

 Como creyentes que somos tenemos que mostrar la belleza interior, la que viene del Espíritu Santo y no esa belleza de la carne que perece en veinte o treinta años, pero para lograr eso es necesario que se manifieste en nuestras vidas esa pura, eterna y sublime hermosura del Señor Jesucristo, sin ÉL no somos nada.
 

 Los cristianos debemos ser el reflejo de Dios para el mundo!

                                    Marcel Amorín


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