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domingo, 19 de julio de 2020

La Voz de Dios

Siempre sentí una voz cerca mío, que me hablaba bajito para que nadie escuchara, que me hablaba despacio para que la entendiera, 
Siempre sentí una voz que venía desde otro sitio, desde un lugar mas sano, mas alto, mas pacífico.
Siempre sentía esa voz, que hablaba sin hablar, que me susurraba sin susurrar, que me aconsejaba, que me motivaba.
Una voz suave que entraba por los oídos de mi corazón para comunicarse conmigo en el idioma del amor.

Pensaba que solo yo la podía oír por eso no me atrevía a compartir mi experiencia, tu ya sabes, para que la ciencia no cuestione mi cordura.
Lo cierto es que me ha acompañado durante toda la vida, intentando guiarme, motivándome.
Ha estado allí desde mi infancia, quizá desde antes, hablando a mi conciencia, susurrando a mi alma. 
Estuvo allí en mi juventud para señalarme el peligro, para advertirme de lo malo que es tener malos amigos. 
La escuché cuando vinieron a tentarme, y me convenció que hacer el bien a la larga es mas rentable, y de listos llenas están las cárceles.

Pero llegó un momento de mi vida en que no la quise oír, era mas divertido hacer todo lo opuesto a lo que ella me indicaba, por eso tapaba los oídos de mi conciencia para no escucharla, pero era imposible, aún seguía allí conectada a mi interior con sus palabras.
Comencé a beber para olvidar problemas, y en parte los olvidaba, pero adivina... adivinaste... la voz no se callaba... sus consejos me seguían aún borracho mientras deliraba. 

Un buen día... me dispuse a ser yo, quien hablara: Oye ¿porqué has puesto tu ley en mi conciencia?, ¿porqué me has perseguido toda la vida?,¿quién eres?, ¿eres Dios verdad?...¿Porqué callas ahora?...el silencio te delata...


"Todos los que son guiados por el Espíritu 
de Dios son hijos de Dios" (Romanos 8:14)


Señor siempre te has interesado en mostrarme el camino correcto, todo el tiempo me has hablado, has iluminado mi interior, me has inspirado para hacer lo bueno aún antes de conocerte. Gracias por tus palabras.

                                                                                    Marcel Amorín







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domingo, 5 de junio de 2016

Jesús y la Mujer Samaritana - Agua de Vida Eterna

No sabemos su nombre o edad. Pero su conversación con el Señor es la más extensa registrada en las Escrituras. Razón suficiente para encontrar a esta charla muy interesante. 

Recordemos.. Era mediodía y hacía mucho calor. Jesús había salido de Judea he iba hacia Galilea, el viaje fue largo, y pasando por la heredad que Jacob dio a su hijo José junto a la ciudad de Sicar, decidió detenerse a descansar. Allí había un pozo, del cual pensaba beber agua mientras esperaba a sus discípulos que habían ido a la ciudad por comida. Cuando nuestra mujer sin nombre apareció con el tarro de barro en la mano, Jesús le hizo una simple petición: "¿Me das una copa?" (Juan 4: 7).

¡Oh no, algunas cosas estaban mal!. Primero, se suponía que los judíos no debían hablar con los samaritanos. Segundo, a los hombres no se les permitía verse cara a cara con las mujeres sin que estuvieran sus maridos presentes. Y tercero, los rabinos no tenían nada que hablar con mujeres como esta. Pero Jesús estaba dispuesto en hacer una excepción a las reglas, no así la mujer que estaba junto al pozo. "Tú eres un Judío y yo soy samaritana", le recordó ella, "¿Cómo puedes pedirme que te de agua?" (Juan 4: 9).

Ella se centró en la ley; pero Jesús lo hizo en la gracia, ofreciéndole algo que no pudo rechazar. 

"Si conocieras el don de Dios, y quien es el que te dice: dame de beber; tú le pedirías y él te daría agua viva" (Juan 4:10). Sin dudas una invitación tentadora. Y el regalo, una oferta irresistible. Un don especial que vino por la gracia de Jesucristo" (Romanos 5:15).

El Señor, en vez de insistir para que le diera de beber, le ofreció agua, pero un agua diferente,"viva" (Juan 4:10). Ella sintió curiosidad, la del pozo era agua común, pero..¿cómo sería el agua viva?. 

La mujer educada, pero con valor señaló lo obvio: "No tienes con que sacarla, y el pozo es hondo, ¿De dónde puedes obtener esta agua viva?" (Juan 4:11). Su curiosidad natural la impulsó a hacer preguntas, tan demandantes como hoy en día. Pero tales preguntas no fueron motivo de nerviosismo, Jesús sabe como lidiar con la incredulidad y la duda de las personas.

Para saciar su sed espiritual, el Señor primero le enseñó la verdad sobre H2O: "Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed" (Juan 4:13). Y luego le resaltó en negritas una promesa sobre la que él ofrecía: "El que beba del agua que yo le daré, jamás volverá a tener sed" (Juan 4:14). En pocas, sencillas, pero profundas palabras, pasó de la vida cotidiana a la vida eterna.

¿Estaba esta dama lista para dar ese paso de fe? No exactamente. Ella quería lo que le estaba ofreciendo, pero sólo para evitar regresar otro día al pozo por agua: "Dame esa agua, para que no tenga sed, y tenga que venir al pozo a sacarla" (Juan 14:15). Si somos honestos, admitiremos que muchas veces, tu y yo también tenemos esta motivación. Y las ganas de satisfacer nuestras necesidades y deseos físicos, nos hacen pasar por alto las necesidades espirituales.

Y hablándole Jesús le dijo: "Ve, llama a tu marido y vengan los dos" (Juan 4:16). No es una extraña petición, ya que las mujeres no podían conversar a solas con un hombre en un lugar público. Su petición era mas sobre el descubrimiento de la verdad, tratando de seguir las reglas de la sociedad.

Solo Jesús tiene el agua de vida eterna, solo Jesús es la solución a la sed espiritual del hombre.

                                                                   Marcel Amorín






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lunes, 24 de agosto de 2015

Domina tu Lengua | Una pequeña chispa puede causar un gran incendio

Días atrás, charlando con mi hermano vía Skipe, divagábamos sobre algunos temas sin importancia, y quizá por aburrimiento u ocio, en determinado momento comenzamos a hablar de ciertas personas cercanas a nuestra familia que no se han comportado muy bien últimamente. Al comienzo eran pequeñas críticas, parecía algo inofensivo, pero mas adelante nuestra conversación se llenó de comentarios negativos hacia ellos. Con el correr de los minutos algunas palabras crueles entraron en escena. Al instante de haberme despedido de mi hermano me di cuenta que mi ánimo comenzó a caer como en un pozo.

Siempre supe que este tipo de charlas no son buenas. Y la voz de mi conciencia comenzó a recordármelo. Hasta que no pude esperar mas, así que tomé el teléfono y llamé a mi hermano para pedirle disculpas por permitir que la conversación halla tomado ese rumbo. El me confesó que se estaba sintiendo tan mal como yo. Nos pusimos de acuerdo que en determinado momento descuidamos algunos comentarios y se hizo una pequeña llama, y esos comentarios incendiaron a otros, hasta que nos incendiamos nosotros mismos con indignación santurrona. Y trajimos a memoria algo que nuestro padre nos enseñó cuando eramos pequeños, nos dijo que si algún día nuestra ropa se prendía fuego, deberíamos detenernos, tirarnos al suelo y rodar, de esta forma el fuego se extinguiría. Entonces mi hermano me sugirió que desde ese momento en adelante intentáramos hacer algo similar en nuestras conversaciones. Si vemos que se inicia un pequeño fuego.. detenernos, tirarnos al suelo (arrodillarnos) y orar. Esta analogía nos hizo soltar una risa, pero desde ese momento decidimos que de ser necesario aplicaríamos la sugerencia a nuestras charlas.

Cuando observemos que la conversación se está deslizando por lugares inapropiados, será un buen momento para recordarnos unos a otros cual es el camino correcto. Las conversaciones negativas y los chismes no afectan tan solo nuestra relación con Dios y los demás, también tienen un efecto perjudicial sobre nuestro espíritu. Aunque parezcan insignificantes, ciertas palabras pueden ser la chispa que provoquen un gran incendio. ¿No será mejor evitar el fuego antes que comience?.

"Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, cuán grande bosque enciende un pequeño fuego".
Santiago 3:5 


                                                       Marcel Amorín


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domingo, 29 de marzo de 2015

Al que cree todo le es posible

“Si puedes creer, al que cree todo le es posible” (Marcos 9:23)

Dos hermosas niñas patinaban sobre un lago de hielo helado en las cercanías de la ciudad de Berlín (Alemania), de pronto.. el hielo se rompe y una de las niñas cae al agua. En su desesperada lucha por salir a la superficie la pequeña quedó atrapada bajo el hielo. Al contemplar la dramática situación la otra niña comenzó a gritar por ayuda, pero era inútil, no había nadie cerca para escucharla. Entonces viendo que su amiga se moría, decidió actuar ella lo mas rápido posible.
 Tomó una piedra y comenzó a golpearla con todas sus fuerzas sobre la gruesa capa de hielo que la cubría, ¡hasta que lo logró romperla! y gracias a Dios pudo salvar su vida. 

Alguien que pasaba por el ahí, llamó rápidamente a la emergencia médica. Minutos mas tarde llegó una ambulancia con un doctor y dos enfermeros. Luego de prestarle los primeros auxilios los enfermeros asombrados por lo que había sucedido se preguntaban..
 

¿Cómo  pudo una niña tan pequeña con unas manos tan frágiles romper una capa de hielo tan gruesa y dura?

Un anciano que llegó a la escena al escucharlos dijo: ¡Yo se como lo hizo! 

Le preguntaron: ¿Cómo?

El anciano respondió: ¡Es que no había nadie allí para decirle que no podría hacerlo!



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